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Catalán

Medito la palabra

Este texto del evangelio nos invita a velar, a estar preparado. Tenemos que estar alerta porque el tiempo pasa, pero no porque Dios nos espera al final del camino para ser juzgados, sino porque él está en nosotros todos los instantes de nuestra vida para poder vivirlos con plenitud. Velar significa tener el corazón abierto, disponible, no porque tenga que pasar algo desagradable, sino porque Dios se manifiesta en cada momento de la vida, y no podemos dejar que pase de largo o ser indiferentes a su presencia. Estar en alerta es tener una mirada atenta a los signos de los tiempos, saber descubrir como Dios nos habla en acontecimientos o personas, y salir a encontrarlo allá donde se nos manifieste.

Y en este esperar hay un elemento que nos acompaña y que es imprescindible traer: la luz. Pero para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Lo importante es la luz pero lo que se tiene que procurar es el aceite. La luz que tiene que quemar es la práctica del mensaje de Jesús. El aceite que tiene que alimentar esta llama, es el amor manifestado. Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No se trata de egoísmo: es que resulta imposible amar en nombre de otra persona o considerar propia la entrega que otro ha realizado. Nuestra luz no puede quemar con el aceite de otro. La llama a la cual se refiere la parábola no puede ser encendida con aceite comprado o prestado.

Es inútil una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas tienen que estar encendidas siempre, no tenemos que esperar a prepararlas en el último momento. Ahora y aquí es donde tenemos que ir logrando una vida llena de sentido y no esperar a hacerlo al final.

Si de verdad queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, tenemos que entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total de todo lo que somos. El aceite sólo da luz a costa de consumirse. La inserción definitiva en Dios sólo es posible si desaparezco consumiéndome en el servicio a los demás.

Dentro de ti tienes que descubrir tu propio aceite, nadie te lo puede prestar, porque es su propia vida...

¿Tu aceite ha prendido o te da miedo consumirlo?

¿Da luz?

¿Esta llama la tienes oculta?

¿Ilumina tus pasos o ilumina también a los otros?

¿Tienes más de necio o quizás tienes más de sensato (tu vida la mueven los otros desde fuera, o eres tú quien la mueves de dentro hacia fuera)?

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