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Catalán

Medito la palabra

Hoy, Jesús nos narra otra parábola del juicio, la parábola de los talentos. Dios, nos ha entregado unas posibilidades -más pequeñas o más grandes- de desarrollo en todas las dimensiones de nuestra persona. No importa si uno tiene mucho o poco, lo importante es que se tiene que sacar rendimiento de lo que hemos recibido, se tiene que hacer “fructificar”. El hombre de nuestra parábola que esconde su talento por miedo al amo, no ha sabido arriesgarse, sólo ha buscado su seguridad. Quizás el núcleo de la parábola es este: tenemos que tener la concepción de un Dios que nos motiva a salir de nosotros mismos, que nos alienta a arriesgarnos por el Reino de Dios, a esforzarnos para transformar el mundo, a ser creativos y no conservadores. Pero la parábola no excluye que los talentos que Dios nos ha dado son sólo nuestras posibilidades, sino también nuestras limitaciones. Lo que somos y lo que tenemos, es el material con el cual Dios quiere hacer de nosotros algo nuevo.

La frase “porque al que tiene se le dará y le sobrará” sólo se puede entender a nivel de amor y de generosidad. Si correspondemos a los dones de Dios confiando en su ayuda, entonces experimentaremos que es Él quien da el incremento.

¿Busco mi bienestar, mi seguridad, mi tranquilidad  evitando cualquier problema? ¿O bien voy asumiendo riesgos para que mi vida no sea estéril, pequeña y sin horizontes?

¿Estoy dispuesto a responder a las expectativas que Dios tiene puestas en mí? ¿O bien me da miedo arriesgarme?

¿Vivo una fe enterrada bajo el conformismo o bien la vivo comprometido, a pesar de que esto me pueda complicar la vida?

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