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Catalán

Consiguió lo que deseaba

Consiguió lo que deseaba

Estando en el despacho de “Cáritas Parroquial” observé a un señor que llevaba largo rato esperando. Le pregunté si tenía visita concertada y me dijo que no, pero que su caso era muy urgente y que esperaría todo el tiempo que fuese necesario. Pedro, (por poner un nombre) esperó pacientemente.

Cuando la demás gente se hubo marchado y nos quedamos solos en la sala (la trabajadora social estaba atendiendo la última visita programada), él no pudo resistirse a explicar su situación, le invité a que esperase a entrar para explicar el caso a la trabajadora social, pero él tenía ganas de poderlo explicar…

Se había tenido que marchar del piso en que vivía porque no podía pagar. Su único equipaje era una pequeña maleta. Llevaba 10 días yendo de un sitio a otro, y sin dinero para comer, de vez en cuando se comía un bocadillo. En tres ocasiones había acudido a los Servicios Sociales y le daban dinero para un bocadillo. La última vez le dijeron que no volviese, que se pasara por Cáritas. Esa noche, se pasó por la parroquia y una señora le dio la dirección de un albergue donde poder ir a dormir, también le proporcionó dinero para el tren. Pero la experiencia de dormir en un albergue no había sido lo que se puede decir agradable. Lo pasó mal, eran unas 30 personas en una habitación con dos WC. La gente estaba incómoda, se peleaban entre ellos, se insultaban, gritaban… Pedro decidió dejar el albergue, esa noche acabó durmiendo en la estación de Sants. Yo le pregunté si no tenía familia. Me dijo que tenía dos hermanos en Jaén y que en esos momentos su único deseo era que alguien le pagase el billete para poder reunirse con ellos. Le di el dinero que llevaba suelto para que comiese algo.

Me costaba darle más. ¿Cuál sería la verdadera historia?  ¿Por qué habría llegado a esa situación? Más tarde pensando en ello llegué a la conclusión de que hay ocasiones en las que hay que ver el presente y atender las necesidades de ese momento. Y me sentí tacaña, miserable.

Después de la entrevista con la trabajadora social, las dos nos sentimos, de alguna manera, afectadas por la historia de Pedro. La estuvimos contrastando y la historia  que nos había explicado coincidía.
Me marché para casa, era uno de aquellos días en que te vas a casa agotada, y no sólo por el cansancio físico sino por la cantidad de situaciones difíciles  que ves y la impotencia  de no poder solucionar ninguna. Tampoco sabes si la historia es del todo real y te intentas tranquilizar cuestionándote si será verdad lo que están explicando.

Hablamos con la persona de la parroquia que le había derivado al albergue y pudimos reunir el dinero para el billete a Jaén. Quedamos con Pedro en la estación y desayunando con él nos contó todo lo que le había sucedido desde el martes hasta este momento.

El martes durmió en la estación de Sants y por la mañana unas monjas pasaron a darle café, le enviaron a una entidad del Raval; en esta entidad no pudieron atenderle y lo enviaron a otro albergue donde no pudo ser atendido tampoco. De allí lo orientaron a una entidad donde podía dejar la maleta en consigna, pero la consigna estaba llena y no la pudo dejar. Cansado y desmoralizado, cogió su documentación y tiró la maleta a un container. Hasta el sábado por la mañana que se le había citado para tomar el tren, estuvo durmiendo en el aeropuerto, porque allí no cerraban y no hacía tanto frío.

Se le entregó el billete y Pedro subió al tren, esto era lo que él deseaba, y por fin, había logrado aquello que anhelaba. Marchó muy agradecido.

Paquita (22 noviembre 2009) 

                                                                                                                   

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