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Catalán

Antonia

Antonia

El hecho de vida hace aproximadamente cuatro años que sucedió pero ha quedado muy grabado dentro de mi corazón y me acompaña desde entonces.

Siempre me había llamado la atención Antonia una gitana de luto riguroso, delgadita, pequeña, de apariencia débil y por la imagen externa muy entrada en años. Es viuda y madre de cinco hijos: la Puri que murió de una sobredosis  hace años en Tortosa, tenía dos hijos y su marido también drogadicto la maltrataba continuamente, fue niña del Grupo Juvenil y su vida fue un viacrucis; Carmen que es deficiente mental y está internada en un centro en Lleida; Carlos que es alcohólico, vive en  nuestra  escalera, tiene cinco hijos y la gran mayoría con problemas psicológicos, a menudo se separa de su mujer pero pronto vuelven a estar juntos; Antonia, a la que todos conocemos por Pili, también vive en nuestra escalera y en estos momentos de realojo después de haber comprado el piso a otro gitano ahora no tiene derecho a nada.

Durante varios años Antonia subía continuamente, después del mercadillo, a Lleida para visitar a la Puri o para traer a Carmen a casa el fin de semana, parecía que entre Lleida, Tortosa y el barrio no hubiera distancia. Con los sobrinos las cosas no le han ido mucho mejor: los dos hijos de Puri que vivían con ella en el barrio la Generalitat  se los quitó por no tener la guardia y custodia, ahora están internados en un centro;  los hijos de Carlos la mayoría tienen un cierto retraso mental, su escolarización ha sido muy precaria  y viven de ir con el atillo al mercadillo; los de Pepi ya han dejado la escuela y alguno de ellos va con compañías poco recomendables

Antonia quedó viuda muy joven y fue ella sola la que ha tirado adelante con toda la familia. Es una persona alegre, dinámica, sencilla y muy acogedora. Es el centro de la familia y querida y respetada por la gente del barrio.

 

Dentro de todo este cúmulo de desgracias lo cierto es que  la vida se puede complicar todavía más y eso llegó el día en que Juan, el hijo pequeño de Carlos, después de volver de colonias cayó enfermo. En un principio no se sabía lo que tenía pero poco a poco y a base de pruebas y de descartar posibilidades descubrieron que tenía leucemia. Lo internaron en un Hospital de Barcelona y allí pasó varios meses entre la vida y la muerte. Hubo momentos de desánimo, de hundimiento, de verlo todo negro y también de esperanza. Juan fue sometido a un trasplante de médula donada por Pau, su hermano, y pasó tiempo aislado en una habitación. Durante este tiempo Antonia todas las tardes las pasaba en el hospital. Al final del día siempre tenía un momento para ir a rezar a la Iglesia. Se sentaba al final y en la oscuridad y la cercanía de Dios encontraba paz y sosiego su  corazón. Se hizo amiga del cura del Hospital que siempre esperaba a que saliera ella para cerrar la iglesia. Antonia decía que iba a estar con su buen Padre Dios que la quería mucho. Curiosamente muy pocas veces la vi en la parroquia.

 

Fue durante este tiempo que empezamos a hablar y a entablar amistad. El hospital hace que se rompan barreras entre las personas y todos nos sintamos más cercanos. Al principio hablábamos de cómo estaba Juan y cómo evolucionaba, de cómo iban las cosas por el mercadillo y el barrio. Poco a poco fue naciendo la confianza entre los dos y hablabamos de cosas más personales, compartiendo nuestras vidas; un día para animarla un poco le dije que estuviese tranquila que ella era muy amiga de Dios, que tenía una gran fe y que Dios seguro que la ayudaría. Ella me comentó con gran sencillez que: Dios era su buen Padre, que la quería muchísimo y que aceptaba todo lo que le había enviado, ¡Dios siempre sabe lo que hace!, ¡como quieres  que me rebele contra él!; Lo que le pido es que me de fuerzas para sobrellevar todo y animar a mis hijos. Ante aquellas palabra me quedé impresionado y sin saber lo que decir.

Antonia es una mujer fuerte a la que la vida la ha ayudado a forjar su personalidad, a dar profundidad a su fe y a no dejarse vencer por las dificultades.

Me recuerda a tantas mujeres fuertes que aparecen en la Biblia y sobre todo me recuerda a la viuda del evangelio que va al Templo y echa dos monedas de poco valor en el cofre de las ofrendas (Mc 12,41-44; Lc 21,1-4) mientras que muchos ricos echaban en cantidad. Jesús alaba a la viuda ya que lo que ha echado no era lo que le sobraba sino lo que necesitaba para vivir. Antonia es esta viuda del evangelio que lo da todo y es modelo de confianza en Dios. En medio de sus desgracias, que no son pocas, ella se siente confiada, tranquila, segura porque se sabe querida y en manos de Dios. Antonia es para mí evangelio viviente, alguien  para la cual el evangelio es Buena Noticia y sobre todo vida.

Gracias Señor por Antonia, por la gente sencilla, por los pobres que nos evangelizan; ellos nos ayudan a descubrirte, a madurar y profundizar nuestra fe. Antonia sigue viviendo en el barrio, su vida sigue siendo dura y difícil, cuida de ella con inmenso amor de Padre, bendícela con el don de la fe, dale fuerzas para afrontar el día a día y sabiduría para saber cuidar de su familia. Mantén: su alegría, sus ganas de vivir, de ser feliz y de disfrutar de la vida. En los momentos de desánimo muéstrate cercano y cariñoso con ella, dale fuerzas para levantarse y seguir adelante.

Gracias Señor por Antonia, Carmen, Remedios, Ángeles… por tantas mujeres sencillas que son evangelio viviente. Te pido por todos nosotros, concédenos una fe profunda y que prediquemos más con nuestra vida que  con nuestras palabras.

Jesús M. 

                                                                                                                   

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