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Catalán

Nació Clara y murió Margarita

Nació Clara y murió Margarita

Las vacaciones de Navidad habían llegado. Después de la intensa actividad del trimestre venían unos días llenos de celebraciones y encuentros. Tenía ganas de momentos sencillos y profundos. Pensaba que en Belén todo sucedió habiendo preparado el corazón pero poco más. "Mientras estaban allí" nació Jesús y sólo los limpios de corazón supieron descubrir a Dios en un niño. Con estos pensamientos pasó el día de Navidad. Al día siguiente fui a Ciutadella a estar unos días con la familia. Este año estaba a punto de nacer mi sobrina Clara. En casa me dijeron que nacería durante las fiestas de Navidad y yo llegué a Menorca con la ilusión de estar allí el día del nacimiento.

En mi estancia en Menorca disfruté mucho de los momentos compartidos con la familia y amigos. Como siempre hacía, fui a visitar algunas personas, entre ellas Margarita Florit, salesiana, y su hermana. Tenía muchas ganas de ver a Margarita. Antes de que ella fuera a Ciutadella a cuidar de su hermana prácticamente ciega habíamos compartido unos años en Sarrià. Margarita se hacía querer de manera especial. Era una persona muy profunda que siempre tenía una palabra agradable para todos. Últimamente, en la escuela había estado unas horas en recepción y los alumnos preguntaban por ella durante más de un año después de haberse ido. Cuando fui a su casa la vi con la sonrisa de siempre aunque seguro llevaba sobre ella un poco de cansancio ya que la semana anterior su hermana había sido ingresada unos días en el hospital y ella le había acompañado en todo momento. Durante mi tiempo de visita entraron en su casa varias personas para hacerles compañía y preguntar como estaban. Margarita y su hermana acogían todo el mundo con delicadeza. Estar con ellas era agradable para pequeños y grandes.

Los días pasaban y yo tenía que volver a Barcelona tal como estaba previsto. Era el día 4 de enero y Clara no había nacido. Me planteé cambiar de billetes pero Clara aún podía tardar unos días en nacer, así es que me fui. Sentía mucho no poder estar en Ciutadella el día de su nacimiento. Cuando la noche de ese día llegué a la comunidad me comunicaron que Margarita no se había encontrado muy bien unos días antes, pero yo no tenía noticia de este hecho ya que mi visita fue anterior.

La mañana del día 5 estuvo lleno de nuevos acontecimientos: esa misma noche había nacido Clara y Margarita había muerto. No nos lo podíamos creer. Que naciera Clara era de esperar pero la muerte de Margarita nos sorprendió de manera muy especial. La muerte y la vida se sucedían en pocas horas de diferencia y eso producía en mí una experiencia contradictoria. El nacimiento me alegraba y la muerte me sorprendía. Me sabía mal no haber cambiado el billete para poder ver a Clara y sentía no haber vuelto a visitar a Margarita. De madrugada me despertaba y pensaba en ella. No me podía creer que ya no estaba entre nosotros. Pensaba también en su hermana que ahora se quedaba sin una compañía tan querida.

Como el día 6 era la fiesta de Reyes el funeral de Margarita fue el día 7. Cuatro salesianas, yo entre ellas, fuimos a Ciutadella por acompañar a la familia de Margarita. Aquel día sí que se mezclaban dentro de mí la alegría y la tristeza. Se me hacía extraño volver a Menorca dos días después de haberse ido. Ahora podría ver a Clara pero Margarita ya no estaba. Las salesianas que viajamos desde Barcelona fuimos al funeral y luego compartimos unas horas con mis padres. Otra vez se me mezclaban los sentimientos. La pérdida repentina de Margarita me entristecía pero la posibilidad de que las hermanas salesianas pudieran estar en mi casa era todo un regalo. También fue un regalo la experiencia de fraternidad con los salesianos de Ciutadella, que en todo momento apoyaron tanto a la familia de Margarita como a nosotros.

Muerte y vida, pérdida y encuentro, tristeza y regalos inesperados, todo se mezcla, todo forma parte del misterio maravilloso que nos rodea y nos hace sentir pequeños, nos hace crecer en confianza. Estos hechos vividos me han hecho pensar en preparar el corazón para mirar la realidad desde la profundidad y así descubrir a Dios en todo lo que nos rodea. La vida nos sorprende y nos pone delante situaciones del todo cotidianas pero también del todo extraordinarias.

Y así fue como "mientras estaban allí" (aunque yo no estaba) nació Clara y murió Margarita.

Que su testimonio nos haga vivir con más profundidad y con más capacidad de acoger a las personas amablemente. Gracias Clara por la novedad que nos aportas, gracias Margarita por habernos enseñado a amar.

Gadi (5 de febrero de 2011)

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